Carta a mis hermanas:

A nosotras, que ahora compartimos destierro y rabia.

Ayer me dijeron que cuando echáramos la vista atrás nos daríamos cuenta de la potencia de lo que hemos hecho, pero creo que no nos merecemos esperar tanto.

Esta familia no siempre ha tenido los mismos miembros, a veces ha tenido más, a veces ha tenido menos. Bajo el techo, hermanas con mil acentos. Hermanas peludas, hermanas brujas, hermanas de paso, hermanas de muerdos.

Puede que hayan sido dos años, seguro veníamos de antes. Hace falta poner mucho valor para construir unas paredes tan sólidas, unas paredes que contuvieran el mundo que imaginamos, el mundo que ya es nuestro. Hace falta poner mucho amor para pelear desde donde lo hemos hecho, desde el cotidiano, desde las cosas más pequeñas, poniendo el cuerpo en el centro.

 

 

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