El reformismo mató a Salvador

Hace un par de días, en la cineteca del Matadero, se proyectaba la película Salvador, sucedida por un coloquio con Pablo Iglesias, José Antonio Martín Pallín y el pingante de Enrique Bayo que estuvo a punto de hacerse una paja allí mismo, delante de todas, excitado por el protagonismo de tener un micro ante el auditorio y a Pablo a su lado.
Allí fuimos. Por una mezcla entre morbo y masoquismo. Y por la peli gratis, claro.
En resumen, Pablo Iglesias vino a decir que muy bien el tema de rebajar el discurso político para crear productos consumibles por un público de masas, que muy bien el patriotismo, que muy bien el antifascismo vacío de valores, que muy mal la violencia y que casta (CHUPITO). Mientras, el tipo del Tribunal Supremo nos recomendaba leer a Santo Tomás de Aquino, conocido por frases como “La mujer es defectuosa y mal nacida“, a la vez que daba lecciones sobre políticas de violencia de género y alababa el sistema asistencialista para luchar contra el machismo. Toda esta nausea después de ver la muerte de Salvador en pantalla grande.
Si Salvador Puig Antich llega a ver, cuarenta años después de su muerte, su lucha y ejecución instrumentalizados por el líder de un partido político, se vuelve a poner el garrote él solo.
Yo no tengo ni micro, ni partido, ni marido. Pero tengo este blog con el nombre más molón del mundo.

No se puede luchar contra la alienación desde formas de organización alienadas, ni pueden ser liberadoras estructuras de poder dentro de la lucha de la clase trabajadora. Si deseamos un cambio desde la raíz de lo que nos quita la vida, requerimos de acciones que agudicen las grietas del sistema y aprovechar las contradicciones que presenta.

Todas esas acciones son abandonadas cuando se lleva a cabo un trabajo electoral. Cuando se cambia la intervención y la confrontación directa en la calle por la tarea de conseguir votos. Resulta un espejismo sostener que, mientras se construye un nuevo mundo y se mantiene la lucha directa, se puede trabajar en una vía reformista para la contención de la devastación del sistema. No es verdad. Como dijo Silvia Federici en Madrid hace unos meses: todo ingreso por parte de las militantes en política formal resulta un triunfo de los sistemas de opresión.

Desde la aparición de Podemos, a principios de año, se ha reducido un 40% la protesta en la calle, hemos visto como varios centros sociales han sido desalojados o amenazados de ello y como las nuevas okupaciones han sido escasas, los Círculos Podemos han venido a sustituir algunas asambleas de barrio, se han abandonado proyectos de autogestión como huertos o solares y hay más repercusión en las redes de #L6NMiMovida que de #NoNosRepresentan.

Cada vez que le otorgamos a la política formal una esperanza, se retrasa un poco más la construcción de un mundo nuevo.

La historia da la razón a que las izquierdas pactan con el régimen que está a punto de desmoronarse para adquirir cuotas de poder en el nuevo órden. Esa izquierda que ya pactaba con el fascismo en los años 70, que disolvía e integraba sus sindicatos en el poder, esa izquierda reformista que renegaba de Salvador Puig Antich y lanzaba campañas de criminalización contra toda solidaridad. Esa izquierda de pactos con los que gobiernan fue cómplice de su asesinato. Una izquierda que lo conmemora como luchador en los aniversarios de su muerte y se sirve de la proyección de su figura para hacer campaña política.

Eso sí, inhabilitando la violencia como forma de lucha, no vaya a ser que se puedan poner en cuestión esos pactos. Omitiendo que tanto los golpes del MIL, como los de los otros grupos autónomos armados que no firmaban sus acciones, en el marco de huelgas salvajes y luchas contra el sistema, supusieron unas pérdidas económicas reales a la Administración que quisieron ser resueltas mediante los Pactos de la Moncloa, con presencia del izquierdismo, claro. ¿De verdad cuela que un politólogo no conozca esto? Tenemos que librar una batalla por nuestra historia. Me gustaría ver como se inicia una revolución social sin violencia en la que las clases dominantes no están dispuestas a ceder de forma pacíficAH, ESPERA.

Tanto el antifascismo como el anticapitalismo, no son conceptos vacíos de valores como se pretende insistir. No son contraposiciones exentas de ningún discurso. El MIL nace a finales de los años 60, dentro del movimiento obrero catalán, en el marco de una Europa que empieza una rebelión contra las costumbres en la atmósfera de una crisis capitalista. Armados, quitándole el monopolio de la violencia a los mercenarios del Estado, inician una lucha antiautoritaria por lo común, sin líderes y comienzan una serie de expropiaciones para ayudar en las huelgas obreras y en las cárceles. Como medio, no como fin. Agitación armada, autonomía obrera, siempre desde abajo.

Hace poco tuve la oportunidad de escuchar la visión de uno de los militantes del 1000 y la OLLA sobre las formas de intervención obrera reales que se nos presentan:

“Debemos volver a la totalidad, integrarnos en los barrios y en las demás luchas. Tenemos que liberar espacios y conseguir pequeñas victorias. Avanzar juntas e integradas, en todas las esferas de la vida. Ser nosotras mismas y de forma colectiva”

 

No pasarán.

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